Marketing: game over, ¿y ahora qué?

Tengo 40 años, próspera y pasada vida profesional. Me llaman para dar consejos de uno y otro negocio. He trabajado en varios países. Me llaman consultor. Y ahora, después de todo, creo que no sé nada.

Sólo la observación puede llevarte a deducir qué es lo que está pasando. ¿Y a quién observar? Lo empiezo a tener claro: a los niños. Mi sobrino (buscaré el vídeo y lo subiré), con menos de 1 año, casi sin saber decir ‘papá’, cogía el iPhone de su madre, ponía la contraseña, seleccionaba el icono que le gustara, lo abría, seleccionaba el tipo de juego y… ¡a jugar! ¿Acaba ahí el procedimiento? No. Cuando se aburría, cerraba el juego, localizaba otro nuevo y… ¡a jugar!

Esto fue hace 5 años, ahora ve ‘Doraemon’ y ‘Las macabras aventuras de Billy y Mandy’ en televisión. Además, juega al ‘Minecraft’ en el iPad, y mientras tanto, como si a un superhéroe se pareciera, juega a Mario en el iPhone. Pero ¡ojo!, solo como premio de fin de semana. ¿A que les suena lo que digo?

Doraemon

Máximas de nuestros consumidores podrían ser “Lo quiero aquí y ahora”, pero eso ya lo sabíamos. Más cerca está el “lo quiero aquí, ahora y ahora aquí”. Y me atrevería a decir que lo que viene es “lo quiero aquí, ahora y ahora aquí y, ¿ahora qué?”. Nos encontramos con el problema: ¿y ahora qué? Las marcas, los medios, las agencias, todos buscan emociones, experiencias, medios creativos, mensajes impactantes y emocionantes. ¿Y ahora qué? O lo que diría un chaval de 20 años, “¿y a mí qué?”. O “Vale sí, muy bonito, ¿y qué?”.

De aquí han salido los más avispados brokers de la comunicación  con el “si no puedo con mi enemigo, me uno a él” y han contratado o “usado” a los mismos consumidores famosos por sus datos en el blog o RS como medio para “usar” sus palabras, su estilo, su código y, sobre todo, lo que más desconocen, el cómo.

Decía Punset que “el cambio de civilización se produce con los cambios de los modelos de comunicación”. Yo me apunto a esta máxima, porque los que sabíamos algo, ahora solo de la observación de los nativos digitales podemos ir intuyendo por dónde van los tiros para lo que realmente nos importa: relacionarnos (las marcas) con ellos. No que nos conozcan o nos prueben, ni siquiera que tengan experiencias maravillosas con nuestro producto. No. La gran cuestión es… ¿podremos relacionarnos con ellos? ¿Nuestra generación y la anterior serán capaces de decodificar el “cómo” generar una relación duradera y emocional con nuestros clientes?

Empiezo a pensar y vislumbrar la fórmula. Les contaré.

 

Enrique Solana, CEO Redkampus

@Enrique_Solana